🌿 Valle de Lecrín: el valle del romero
- Christoph Van Daele

- 11 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Historia, naturaleza y aromas en el corazón de Granada
Entre montañas y acequias, donde la Sierra Nevada deja caer sus aguas hacia el Mediterráneo, se extiende el Valle de Lecrín, uno de los rincones más auténticos de Granada.Un lugar donde el tiempo parece detenerse, y donde el origen de su nombre —“Lecrín”— sigue susurrando historias que perfuman el aire con misterio.
Un valle con memoria andalusí
Durante siglos, se creyó que la palabra Lecrín venía del árabe iqlīm, que significa “región” o “distrito”.Una teoría que encaja con la historia agrícola de esta comarca, antaño uno de los vergeles de al-Ándalus, repleto de acequias, limoneros, olivos y caña de azúcar.
Así, el Valle de Lecrín —“el valle de la región”— sería, según la versión tradicional, una denominación administrativa que el tiempo transformó en un nombre poético.Pero los nombres, como las plantas, también evolucionan.
La nueva voz del romero
En los últimos años, una teoría alternativa ha cobrado fuerza gracias al arqueólogo e historiador Juan Félix García Pérez, quien propone una interpretación más evocadora:que Lecrín no venga de iqlīm, sino del árabe al-iklīl, emparentado con el portugués alecrim y el castellano romero.
De ser así, el nombre de este valle significaría literalmente “el valle del romero”.Una idea que encuentra eco en los topónimos locales —La Romera, Romeral, Romerillo— y que parece escrita por la misma naturaleza: colinas cubiertas de romero, montes de aroma limpio y caminos donde el perfume del monte mediterráneo es protagonista.
Cuando la historia huele a Nigüelas
En pueblos como Nigüelas, Dúrcal o Béznar, el romero crece entre los muros antiguos, recordando que la memoria de un lugar también puede tener aroma.El Valle de Lecrín ha sido desde siempre un puente entre la montaña y el mar, entre la nieve y los naranjos, entre la historia y el presente.
Hoy, quienes recorren sus senderos o se alojan en sus alojamientos rurales no solo descubren paisajes: respiran siglos de cultura y biodiversidad.Cada piedra, cada acequia, cada palabra guarda la herencia de un tiempo donde la lengua árabe y la naturaleza hablaban el mismo idioma.
El eco que llega hasta Alquería de los Lentos
En el corazón de Nigüelas, rodeado de olivos y limoneros, se alza Alquería de los Lentos —un hotel boutique rural y restaurante que encarna el espíritu del turismo lento.Aquí, el viajero puede escuchar el silencio del valle, saborear la cocina mediterránea de proximidad y dormir entre muros del siglo XVI restaurados con mimo.
Desde esta antigua almazara convertida en refugio, el origen del nombre Lecrín cobra un nuevo sentido:ya sea “valle de la región” o “valle del romero”, ambos hablan de identidad, de arraigo y de la belleza de lo simple.
Un valle que se respira
El Valle de Lecrín, con sus pueblos blancos, sus acequias moriscas y su horizonte azul, sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de Granada.Y en su corazón, Nigüelas y la Alquería de los Lentos ofrecen al visitante una experiencia auténtica:descansar, saborear, caminar despacio, y dejar que el romero —ese aroma antiguo— te acompañe a casa.
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